Ahogado en la laguna de mis recuerdos
- Contenido Línea Prensa - El Ágora
- 30 abr 2020
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“No tengo una buena memoria. No podría decirte en qué lugar del mundo sucedió todo esto o si fue al amanecer o al atardecer. No recuerdo ni siquiera si el clima era cálido o si debía usar un abrigo para que el frió no hiciera castañear mis dientes. Y aunque no recuerdo ninguno de los anteriores detalles, sí sería capaz de definir con una sola palabra ese lugar que marcó un antes y un después en mi vida: tranquilidad; pero no era una tranquilidad común. Estando ahí te llegabas a preguntar si realmente algo de semejante grandeza podía estar frente a tus ojos o simplemente era producto de tu imaginación.
Durante el tiempo que estuve ahí, a mi mente vinieron diferentes escenarios. Si eres de las personas que evalúa cada detalle y ves grandeza en la simpleza como yo, podrías cuestionarte si ese sería el lugar en el que le dirías “Sí, acepto” al amor de tu vida mientras tus familiares y amigos están detrás de ti lazando gritos al aire y el sol se esconde tras las montañas o, si por el contrario, por su espantoso y terrorífico silencio sepulcral, el lugar podría ser la escena de un crimen, en el cual su extenso y profundo lago sería el lugar perfecto para esconder el cuerpo.
Tal vez, en algún momento de la historia, alguien pensó lo mismo que yo y el lago está plagado de cadáveres humanos. Posiblemente mi padre también esté ahí, muerto por alguna mala apuesta que nunca debió hacer o por un mal día que quiso dejar en el pasado y decidió que ir a ese taciturno lugar con su fiel amigo el alcoholismo y nadar por un tiempo lo haría ahogar sus recuerdos… y quien terminó ahogado fue él. Aunque bueno, eso nunca podré saberlo con certeza ya que hace muchos años él nos dejó a mi madre y a mí en una pequeña habitación, con unos cuantos centavos en los bolsillos y nuestros estómagos vacíos.
Si se preguntan por qué llegué a conocer este desconocido espacio, la respuesta es sencilla. Mi visión del lugar fue la primera, me parecía el lugar perfecto en el que una persona podría dar comienzo a una vida junto a la persona que amaba, la que se despertaría junto a ti cada mañana y a la última que verías antes de entrar al mundo de los sueños. La familia de ambos estaba ahí, mis amigos de la infancia me rodeaban gritando y haciendo bromas de que jamás se imaginaron estar ahí sentados a punto de presenciar la escena más improbable de toda la historia: uno de nosotros por fin contraería matrimonio. Mientras el momento del “sí, acepto” se acercaba, los murmullos iban en aumento, los nervios se podían palpar en el aire y por el horizonte, el universo nos permitía presenciar una de sus mayores majestuosidades, ese ser inerte (que, sin embargo, transmite más vida que ningún humano) el cual le daba un toque romántico y a la vez maquiavélico a dicha escena: una luna de sangre… la misma sangre que los policías afirman yo hice correr por el camino hacia el altar.
Según sus informes, la tarde del 8 de noviembre a las 21 horas uno de los invitados a la boda encontró un cadáver a la orilla del lago con unas piedras atadas a los tobillos y listo para ser lanzado al río. Minutos después, algunas personas afirman haberme visto caminar hacia el altar con sangre en mis manos y lo que según ellos eran trozos de cuerda, aparentemente, la misma con la que las rocas habían sido amarradas a las extremidades de la víctima.
Los resultados de las pruebas de sangre fueron las únicas pruebas para acusarme como la persona que había organizado y ejecutado toda esta locura. Después de muchos años sigo sin entender cómo alguien podría pensar que yo fui capaz de cometer semejante delito. ¿Sería yo capaz de arrebatarle el amor de su vida a otra persona? Porque… espera, no habrás pensado que era yo quien estaba contrayendo matrimonio, ¿verdad? Tal vez no me expresé con suficiente claridad. Conocía a quienes se estaban casando, a uno más que otro pues en algún punto de mi pasado habría llegado a pensar que yo sería con quien construiría un presente y viviría el futuro, sin embargo, no fue así. Ni siquiera lograría vivir un futuro puesto que su cadáver había sido encontrado en la orilla de aquel río (¿O era un lago?) al amanecer (¿O fue en el atardecer?) de un 20 de diciembre a las 0 horas (¿O fue el 8 de noviembre a las 21 horas?)”
Lo siento, mi mente no se logra concentrar y los pensamientos están un poco dispersos, aunque eso es lo bueno de la escritura, con tan solo un par de marcaciones como lo son las comillas puedes parafrasear todo lo que tu mente logró retener o lo que crees que entendiste, porque ¿notaste las comillas verdad? (dos justo al inicio del texto y las otras dos 5 líneas arriba). Y ese es mi caso: tal vez fue de día o tal vez fue de noche, tal vez fue en un lago o tal vez fue en un río, tal vez soy un él o tal vez soy un ella (porque eso es algo que tampoco lo llegué a aclarar), tal vez fui yo quien arrojó el cuerpo de mi padre al agua o tal vez verdaderamente nunca volví a saber de él, tal vez fui el asesino de aquella boda o tal vez no. Tal vez y solo tal vez soy un fantasma y nada de esto pasó.
Sencillamente, ese es el maravilloso poder que se nos otorga la escritura, podemos decir lo que nuestra mente arroja y todos lo creerán como una verdad, sin embargo, en este caso, la única verdad, es que no tengo una buena memoria.
Por: Mafe
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