Ballena
- Contenido Línea Prensa - El Ágora
- 30 abr 2020
- 2 Min. de lectura

En una recóndita mente donde nada es lógico, lo racional parece volar y la piedad parece no existir, una telaraña de malos pensamientos y pecados mortales encadenan a… Con odio rencor y culpa se prepara el cóctel de todas las noches, el negro viste los días y las burbujas son arcoiris, a lo lejos una ballena flotando en la demencia de las dudas, mi existencialismo es una gota de agua. Ya no hay estrellas, hay luciérnagas mil veces más mortales, mil veces más infinitas. Trato de tomarlas pero en lo que mis manos se acercan ellas ya han desaparecido, es mi instinto humano, no sé si de destrucción o curiosidad, esas son variables directamente inproporcionales. Mis manos dibujan lo que mis labios callan, no sé si es la culpa de mi silencio lo que me lleva a hacer obras tan atroces. Trato de no pensar, pero ¿qué más se puede hacer con mil voces en la cabeza? Hay infinitas oportunidades de morir hoy, y no, yo no he muerto. Me encuentro con la dura tarea de sobrevivir, de mirar al sol que me encanta y pensar en por qué no puedo ir a la luna. Me dicen Luna, muchos le temen a mi inexplorado lado oscuro. Sólo el sol que ilumina puede darse la idea de lo que se esconde tras una sonrisa. En mis ojos se encuentra lo que mis oídos escuchan, en mis ojeras lo que las malditas voces dicen y en mi nariz se encuentra tu perfume… Creo que te estoy dando la bienvenida a un laberinto al que aún no le hallo una salida. Incluso aquí se baila, inténtalo, entre la delicadeza de unas teclas mis dedos desahogan, sacando un poco de lo que atormenta mi alma. Tú no intentes amarrarme, mucho menos controlarme, porque cuando tú lo piensas yo ya lo he hecho contigo. Soy tan redundante que no puedo llegar a mí.
Por: Alejandra Ñañez
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