Felicidad
- Contenido Línea Prensa - El Ágora
- 30 abr 2020
- 4 Min. de lectura
A lo largo de la historia la humanidad se ha visto en la exhaustiva búsqueda de “La felicidad”, están aquellos individuos que desconocen su significado, otros, que la confunden con “riqueza” o “éxito”. Es de humanos anhelarla, o acaso; ¿alguien ha visto una persona que busque conscientemente ser infeliz?
Vista de diferentes perspectivas la felicidad viene en diferentes presentaciones: puede ser encontrar el amor de tu vida, crear una familia, ganar la lotería o cosas más simples como ganar el módulo de español. En mi caso, la felicidad se resume a una sola palabra: Dios, porque es la combinación perfecta de fe para encontrar todo lo anteriormente mencionado.
Las personas hacen miles de locuras para llegar a ser “feliz”, aunque su celo se límite a una sensación momentánea y no a una emoción real. Se conoce que el número promedio de personas estudian media vida y la otra mitad trabajan, entonces… ¿qué sucede con el tiempo para ser realmente felices? Esa mi querido lector, es exactamente la misma causa por la cual no lo somos. Estamos tan empeñados en seguir con la ideología lucrativa, en esperar un milagro, en colocar nuestro futuro en mano ajena, en creer que nuestros sueños serán realizados bajo el mismo patrón que otros, que no estamos viviendo. Nosotros somos los únicos encargados de que permanezcamos en ese estado, no el buscar insaciablemente diferentes ámbitos que prometen una efímera felicidad, sino el crear un estado permanente en el cuál tu estabilidad emocional, espiritual o la que sea, estén en paz y tú estés satisfecho con todo lo que haces, lo que eres y lo que has logrado.
Una de las claves para encontrar la felicidad es saber diferenciar entre lo que puedes cambiar y lo que no. Hay varios pensadores y religiones que coinciden con este punto, por ejemplo; se encuentra Dalai Lama diciendo que nada te quita más energía que resistirte y luchar contra alguna situación que no puedes cambiar. O vemos al budismo que afirma que “donde hay apego, hay sufrimiento” y si te aferras a las situaciones que no puedes controlar indudablemente no lo podrás soportar, porque es una batalla perdida. En el mismo cristianismo; cuando proclamamos la oración de la serenidad: “Dios, concédeme la serenidad de aceptar aquello que no puedo cambiar, el valor para cambiar aquello que sí puedo y la sabiduría para distinguir la diferencia”. La importancia de todo esto es saber en qué momento de tú vida puedes invertir tu tiempo y energía que inviertes en cosas que valen la pena: cosas que sí puedes cambiar.
Todas las personas como tú o como yo, somos un ser, somos imperfección, somos humanos y a la vez un bello desastre. Todo hombre transcurre por un proceso en la vida que está dictado por algo más grande incluso que el mundo: que es la moralidad, un conjunto de reglas que nos permiten “ser mejor”, un sistema que juzga toda acción que hagamos y nos instruye en el respeto hacía el otro en un buen convivir, nacemos libres de tentaciones, la inocencia se vuelve cada vez más ausente con el crecimiento y ¡BOOM!, ahora al sucumbir ante el deseo: somos pecado.
Eso somos; un todo imperfecto que últimamente viene buscando la supervivencia en lugar de la felicidad humana. Pero este proceso conlleva una historia; verán, en los tiempos de antes el hombre era capaz de realmente sufrir y luchar por librarse de ello, reinaba el romanticismo, nos guiábamos por sensaciones y no dañábamos a otros por buscar la felicidad, simplemente ya la teníamos y no nos dábamos cuenta. Incluso, actualmente cuando somos niños vemos el mundo de una manera tan soñadora que es ahí cuando realmente vivimos, el término del miedo no existe y las pasiones se vuelven gigantes, ahora; las nuevas generaciones son las que sólo saben de tecnología, el avance del hombre sólo aumenta y estimula el crecimiento de la mente y no del corazón. Nuestras metas se encuentran basadas en el prototipo de felicidad que se nos vende hoy en día, de ser “el que más sabe” o “el que más gana” y desde pequeños nos infringen eso; ¿cómo es posible que hasta dentro del mismo sistema educativo nos ponen a competir entre nosotros, haciendo lo incansable por ser los mejores y nos meten en la cabeza que eso es una clave para ser feliz?
La tecnología en lugar de ayudar nos consumió, como pronosticó el mismo Albert Einstein: “Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad; el mundo solo tendrá una generación de idiotas” y ¿adivinen qué? somos unos idiotas. Sin embargo, aunque el porcentaje sigue siendo mínimo, la cantidad de personas en el mundo que quieren abstenerse de seguir ese paradigma existe, aún existe esa llama de humanidad que nos proporciona el nombre y eso es lo que nos mantiene vivos, lo que mantiene la esperanza del no competir por la felicidad, sino encontrándola por medio de ayudar a otros a alcanzarla. Para eso estamos aquí, para dejar huella en el mundo, construir humanidad y darle un paraíso a futuras generaciones. Nuestro preciado fin nunca será alcanzado mediante la frívola individualidad, sino el goce y el crecimiento que tengamos en el camino.
Todo en la vida se trata de reciprocidad, para los que crean o no el karma existe, todo es un balance, hasta como dice la tercera ley de Newton: “Toda acción tiene su reacción”, lo cual se puede interpretar más allá de la física, el ahora, lo que somos y lo que hacemos es lo que nos definirá en un futuro, si haces daño ¿qué esperas recibir?, si engañas ¿cómo llorar una traición?, cada quién recibe en su vida lo que merece y si injustamente eres poseedor de una mala fortuna en algún momento se equilibrará la balanza, todo es cuestión de fe, independiente de a que se lo tengas.
La clave es ser la mejor versión de uno mismo, ser auténticos, no ser avaros, dejar el egoísmo y construir, el que siembra cosecha, no esperes recoger el fruto de alguien más, nuestro destino está en cada una de nuestras manos, ya es tú decisión. ¿Qué eliges?: ¿Ser un infeliz egoísta? ¿O tener la fortuna de compartir la preciada felicidad?
Por: Tatiana Toral
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