Palabras del desamor
- Contenido Línea Prensa - El Ágora
- 31 ago 2020
- 2 Min. de lectura

Volvimos no tan desalmados, ni tan doloridos. Después de dos meses que se fue mí motivación; mis ganas de seguir escribiendo... se fue ella. Una mujer encantadora que hasta el día de hoy no le he podido decir adiós. No sé de qué se cansó, pero nunca quise que ella sintiera que faltaba algo.
Su risa en una videollamada me emocionaba bastante, al punto que me la pasaba horas hablando sobre lo que ha sido mi vida junto a ella; y como en algunos momentos había sido un pendejo, ya saben... maneras de hacer feliz a una mujer.
Canciones, imágenes, amor, entendimiento y confianza no fueron lo suficiente para tenerla, la verdad es que no la culpo, es una buena mujer que sólo tiene un pensamiento totalmente distinto al mío respecto a la forma de ver el mundo del amor, eso no la hace mala, al contrario; es un amor completo aquella mujer, aquella que me enamoraba cada vez más cuando sonreía, una mujer valiente, bella y pervertida. En otras palabras... para mí, una mujer perfecta.
Ahora, sólo anhelo dos cosas: la primera, que mi hígado resista un par de tragos y la segunda, que pueda envejecer junto a esa mujer, la misma a la que le dedico todos mis tragos y escritos, aquella que me hacía feliz, que me hacía sentir como un Brad Pitt o un David Beckham pero gordo, esa que era mi escapatoria de estas clases virtuales. Yo sólo quería que ella fuera mi Rock n' roll, que sus ojos fueran los primeros que viera día tras día y que se convirtiera en la persona con la que cada juego de mesa terminara en la cama, ya saben, cosas sencillas que hacen la vida un poco más bella.
Lamentablemente, todo tiene su final, por esa razón, hoy, con un concho de vino brindo por ella y el síndrome de Fregoli que tuve. Por ahora, sólo queda un pequeño amor, una cama vacía y un montón de mujeres interesadas en mí pero que que no son ella, no tienen su suave y tierna cara, ni sus ojos color pantano que me anodadaban de amor y lujuria. No importa cuántas mujeres estén detrás, simplemente, no son ella.
Muchas veces tenemos una visión tan mala de nosotros mismos, que parece imposible creer que seamos especiales para alguien y déjenme decirles que la vida a veces duele, a veces cansa, a veces hiere, esta no es perfecta, no es coherente y mucho menos es fácil. Pero, a pesar de todo, la vida es bella porque estás con aquella persona con la que te equilibraste en todo. Por esa razón, brindo por ti, por ella, por mí y por las veces que lo di todo y no funcionó.
Por: Daniel Cruz
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