Rotos
- Contenido Línea Prensa - El Ágora
- 30 abr 2020
- 3 Min. de lectura

Recuerdo aquel momento cuando de joven era más feliz que ahora, antes que estar escribiendo esta historia que aun no determino si va a ser de amor o de mi exitosa vida universitaria, trato de romper la cuarta pared, para que entiendas que hago esto por gusto y no disgusto.
Bueno voy al grano más bien; retumbado en mi habitación con un pequeño rayo de luz que se asoma en la ventana, pienso en aquel momento cuando era joven y compartía aquella empatía; era fuerte y más amoroso que nunca, las palmas de mis manos como mis orejas están congelados, debo entender que me hace falta un amor donde no solo me brinde sexo, sino compresión, risas y comida, en otras palabras: felicidad.
Dentro de mí se encuentra un pequeño espacio donde habita alguien, no le digo de una manera amorosa actual, sino de aquella mejor relación sentimental que he tenido durante mis 19 años de existencia, de aquella chica cuyo acento es distinto al mío, una mujer delgada e inteligente que en algún momento de mi día todavía extraño.
Ella aún me lee y yo la leo, nos encontramos donde ella me escucha y yo la escucho. Han pasado 3 años desde que rompimos, fue una relación hermosa, una en la que veía que aún dentro de la oscuridad mi luz podía brillar, en ella no habían días grises; aquella chica me enseñó que en la vida hay ser positivo, aún dentro de la poca felicidad que esta nos brinda.
Reniego pero no maldigo, su ausencia siempre será mi premio y a pesar de que al final me dejó, estoy feliz de que ella sea amable conmigo, a pesar de que en ningún momento la insulté ni nada por el estilo, sí le di a conocer el río que por ella lloré.
Me acuerdo que la conocí en un juego de móvil, creo que era “clash of clans” si mi mente no me traiciona. Yo tenía un clan creado por mi mejor amigo, ella solo apareció en el chat mundial preguntado si había un clan disponible para que entrase y tener guerras; creanme, suena absurdo pero así nos conocimos, por eso ella es fuera de lo común, es una gran chica, una que me cautivó con su belleza, sus enormes ojos color miel y su enorme sonrisa rodeada de unos labios tan gruesos que daban ganas de morder y besar apasionadamente sin cesar.
Después de mucho tiempo logré que ella estuviera en el clan de mi mejor amigo junto conmigo, así pudimos hablar por chat y conocernos mucho mejor. Al cabo de un tiempo decidimos estar juntos; decidí conformar un gran amor, sin pena, sin miedo, como si todo mi macho interno saliese a conquistar. A medida que la iba conociendo solo pude encontrar un problema, y era la distancia. Por un momento solo imagínese un paisa que vive en la ciudad de Cali, ir a Bogotá a chupar frío por una mujer. Así de enamorado estaba de una chica que solo me consolaba con su blanca y grande sonrisa.
Hasta el día de hoy creo que ha sido la mejor relación que he tenido en mi larga vida, además, con esto pude comprobar que eso del amor a distancia sí existe, solo se trata de amor, compresión y más que todo de confianza.
Yo fui tan feliz que era raro, hoy todo es diferente, se hizo tan distante y urgente; ya saben lo que dice la gente, ¿no? Que baja, que pasa y que se va, pero no ha sido así, al día de hoy hablo con ella, me volví su amigo “gay” quien le aconseja que debe hacer con su vida amorosa. Sin embargo, cada vez siento que somos cuerpos frustrados, cuerpos que se separaron forzadamente y que no quieren escapar de su pequeño amor inspirado uno del otro. Para terminar con este pequeño relato, le doy gracias a la vida y en especial a ella, quien aún me hace ver la vida color rosas y sentir mariposas en el estómago, por ser tan especial conmigo a pesar de la ruptura que me causó un gran vacío y unas 3 mil noches por llorar, brindo por ti, por ella, por mi y toda la cagada que falta del año presente.
Por: Daniel Cruz
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