Florida, Florida
- Contenido Línea Prensa - El Ágora
- 30 abr 2020
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Florida es un municipio históricamente afectado por el conflicto armado que se ha prolongado por más de 50 años, sean guerrilleros, paramilitares, elenos, bacrim o M-19, este pueblo no ha dejado de teñirse de rojo en las últimas cinco décadas.
Desde hace muchos años, según nos cuenta doña Nubia, habitante del municipio de Florida y que actualmente se dedica a vender jugos naturales y ensaladas de fruta en la nueva “Plaza de la paz”, nos relata que tiene familiares en el cabildo indígena y que estos no se salvan del azote de la guerra.

Doña Nubia nos relata como desde la creación de la Unión Patriótica empezó una serie de masacres paramilitares por el territorio Floridano. Orejas mutiladas, extremidades desmembradas, ataques con ácidos, fusilamientos públicos y sometimiento de la población como en el año 2002 cuando se cerró la Diana, un corregimiento ubicado a 1 hora a pie de Florida o 30 minutos en auto.
“Florida se había vuelto una zona de miedo, por las noches había toque de queda y nadie podía salir, uno tenía que estar pendiente de los niños cada rato y los muchachos vivían con miedo, es especial lo que llegaban tarde de estudiar, por ejemplo, a mi hijo muchas veces lo pararon”, me cuenta la señora.
Noches solas y frías cubrían la Florida de finales a inicios del año dos mil, un pueblo muy característico por su bullicio nocturno y su ir y venir de personas, que incluso hasta hace no mucho había sobrevivido una avalancha que prometía borrarla del mapa.
“Ese día fue horrible”, me cuenta Doña Graciela desde la comodidad de su sala mientras se rasca su melena roja. “Por fortuna vivíamos en una zona alta del municipio la cual no sufrió tantos daños, me acuerdo recoger a mi hija del río que se había formado frente a la casa donde los niños jugaban”.
Este evento tuvo lugar un 31 de enero de 1994, pues al parecer los fundadores desviaron en sus inicios el río que, años más tarde, retomaría su cauce natural.

Tras la avalancha quedó una nueva parte de terreno baldío y lleno de lodo que pronto se volvería una invasión, la cual fue apoyada por los conservadores del pueblo para atraer votantes a cambio de casas en pésimas condiciones, hoy en día esos barrios como Bellorizonte, Villananci y La 11 son de los más peligrosos de Florida, debido a que la población que reside ahí está en condiciones de vulnerabilidad por la falta de inversión de las alcaldías de turno, la guerra y la ausencia de un proyecto que vele por todos los floridanos.
“Mijo, eso es necesario”, me dice Diego, un hombre de cincuenta años sentado en una silla de madera rústica. “Los marihuaneros, lesbianas, gays, ladrones son un cáncer para la sociedad y toca erradicarlos”.
La conversación se torna respecto a cómo se realizan las “limpiezas”, un grupo de panaderos, carniceros y comerciantes le dan una “cuota” de entre 50.000 a 200.000 pesos mensuales a los grupos armados y estos les garantizan acabar con los ladrones, las prostitutas y los viciosos; según ellos, la gente no debe estar haciendo nada en la calle después de ciertas horas de la noche, me dicen que han matado inocentes en más de una ocasión, pero que los resultados hablan por sí solos.
En la actualidad, ya no se ven estos “programas” en Florida, estos tomaron fuerza a inicios del año 2000 pero se fueron debilitando gracias al Acuerdo de paz y una gran mejora en la policía del municipio, además, las cámaras llenaron el pueblo haciéndolo medianamente seguro. Pero esta “paz” no promete ser duradera, pues gracias al abandono del estado en zonas que las guerrillas dejaron, los grupos paramilitares se quedaron sin su competencia directa y hoy por hoy poseen los antiguos territorios que vendieron los exguerrilleros a sus contrincantes que de enemigos, al final de la historia, no tenían mucho.

Pero no todo en Florida se remonta a paramilitares, ya que el M-19 se ha tomado en 4 ocasiones el municipio, por fortuna, sin dejar muertos en el proceso.
La vida y el folclor en este pueblo no se apagan a pesar de las adversidades y los golpes que da la vida, golpes como el que recibieron todos los floridanos una mañana del año 1962 cuando una avioneta destruyó la iglesia de San Antonio de Padua, ubicada en la esquina del parque principal que también cumplía la función de plaza de mercado en el día.
“Eso se sintió una algarabía impresionante”, dice doña Graciela ya con un café en su mano. “Era apenas una niña cuando vi que la iglesia se quemaba y la gente corría a auxiliar a los pilotos, pero no se salvaron, si mal no estoy un mormón años atrás había dicho que un ave se desplomaba en la iglesia”.
Tras muchos años de espera, finalmente para el año 2014 se volvió a abrir la ahora pequeña iglesia que había sido destruida y recibió el nuevo nombre de La Capilla del Ángel, ya que a menos de 50 metros estaba la nueva iglesia de San Antonio de Padua, muchos más grande e imponente, pero los habitantes no se resisten a asistir a las misas todas las semana muy cumplidamente desde las 7 está a reventar la capilla, que retoma su decoración de los años 1800 y los expone en su máximo esplendor.

Fotos y texto por: Gregory Montenegro
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