La Plata
- Contenido Línea Prensa - El Ágora
- 30 abr 2020
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En el Pacífico existe un archipiélago fuera del radar de los satélites y la realidad que nos golpea al resto de mortales, donde el mar besa las playas toda las noches y en el día se ve lejano, como si esa mancha de agua fuese una cosa pequeña.
Hay algo en la complejidad de viajar, que solo quienes amamos la vida hemos sufrido, porque si, también se sufre al decir adiós, en especial cuando sabes que la riqueza de ese viaje solo se vive ahí, en ese lugar que se convirtió en tu pedacito de paraíso.
En La Plata, lugar que se lleva parte de mi vida cada que lo visito, existen un sinfín de plantas y animales que además de haber sobrevivido por años a las templanzas de la naturaleza, también sobrevivieron el saldo de la guerra que azotó al país durante años.
Lo que hace tan bonito y distinto a este lugar quizás es la consecuencia de que sus habitantes huyeron de la guerra y en el lugar que se establecieron quisieron transformar su vida, creando una nueva realidad, que a los ojos mundanos de quienes nos acostumbramos a un mundo de pecados, parece sorprendente y casi que imposible, pese a estar lejos de todo, olvidados incluso por el gobierno.
El día es largo, la luz llega al terminar las 5 con un amanecer frío que despierta a cualquiera, vuelan los pájaros, se despereza la selva y el mar, ese gigante salado se queda estático, tranquilo, casi que ausente, dejando a la vista las conchas que rodaron por el durante la noche.

Aquí nadie se cansa, todos los días se come del mar, así que los hombres se encargan de madrugar para encontrar los peces gordos, ya que coger los pequeños sería un desbalance total, las mujeres buscan piangua, y los niños se quedan viviendo como en un rol estático de adultos sumamente inocentes, son los encargados de cuidarse entre sí, pero sobre todo a los más pequeños, las niñas asumen un papel de amas de casa, mientras los niños hacen guardia para que nada pase. Sin embargo todos viven felices y tranquilos, algunos pensando que la ciudad es el lugar más fascinante del planeta, sin darse cuenta que caminan sobre el verdadero paraíso.
El atardecer sorprende a cualquiera, parece una sábana de colores que al verla desde el mar abierto dan ganas de llorar, el amarillo del sol se convierte en un anaranjado que con los tonos oscuros de la noche y la visita de la luna a lo lejos hace volar la mente y florecer cualquier sentimiento.
Al llegar la noche el plancton hace un festival a espaldas de todos, se esconde detrás de la isla vecina regalando un show al que solo se llega en remo, pintando de colores el agua y la arena, la escena es digna de aparecer en Avatar, el surrealismo del planeta y de la vida que en él habita es impresionante.
Así son los días, una utopía llena de belleza en la que se ríe y se disfruta, pero de la que no se sabe cuando va a acabar, hasta que llega una lancha a despertarte y llevarte de nuevo a casa.
Por: Alejandra Ñañez
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