Lo que bien empieza, Dulce termina
- Contenido Línea Prensa - El Ágora
- 30 abr 2020
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Y cuando se habla de amor, no hay ni fecha, ni horario, ni edad, ni nada que pueda impedir que sucedan las cosas; que surja lo que todos quieren sentir, pero pocos se ponen en la tarea de construir; aquello que muchos llegan a comprobar, pero no aceptar y, sobre todo, llegan a tener y no cuidar. Esta historia comienza en 1991 cuando Alexander Victoria, se independiza de su hermano para seguir con la tradición familiar, esto no solo revolucionó su vida, sino la de todo un pueblo: Andalucía. Seguramente los habitantes de esta localidad ya sabrán que cuando se habla de “tradición”, se trata de su producto insignia, la gelatina de pata de res.
“Yo empecé como empacadora porque él trabajaba allí y era la única forma de podernos hacer visita”, son las palabras de Alba Ramos, esposa de Alexander con quien tiene dos hijos. Una mujer enamorada, que en ese entonces aprendía a elaborar el producto de manera artesanal con ingredientes de calidad como la pata de res, la panela, la fécula de maíz y el azúcar; teniendo en cuenta que en la actualidad se implementaron las esencias. Unos pocos años después, se casaron y se fueron a vivir en una casa de alquiler; ahí fue cuando descubrieron que la gelatina debía de ser un producto que no solo los residentes andaluces probaran, sino que se extendiera por todo el país.
Sí, fueron soñadores, emprendedores, atrevidos, luchadores, creyentes y todo esto lo hicieron juntos. Esta última palabra, la que le ha costado tanto a las parejas aplicar, es una de las responsables de que todo termine. Alexander y Alba adecuaron una habitación de la casa para hacer su fábrica de gelatinas. Fue un rotundo éxito, tanto así que empezaron a financiar el espacio donde vivían y alrededor de cuatro años después, ya podían decir que era propia. Además, ya contaban con uno de sus principales clientes, el Parador Rojo; aunque todavía no estaban conscientes de lo que se venía.
El producto fue gustando tanto, que vieron la necesidad de ampliar el negocio y de contratar personal, también se registraron en la Cámara de Comercio de Tuluá -porque en Andalucía no hay- para poder empezar con la marca que empezó siendo “Gelatina Victoria”, al día de hoy llamada “Gelatinas Victoriana”. La fábrica lleva veintitrés años en el mercado, genera más de veinte empleos dignos, tiene el registro INVIMA y la mayor satisfacción de ellos es ver la manera en que las instalaciones se han transformado, “la gelatina no pierde su esencia, pero nos hemos industrializado”, dice Alba. Por otro lado, no genera ningún desecho al medio ambiente.
Andalucía es el único municipio por donde pasan las vacas arrodilladas, y es conocido como “la tierra dulce”. La gelatina de pata de res se ha convertido en patrimonio cultural, por lo que sus habitantes sacan pecho y se sienten orgullosos de que haya sido creada exclusivamente en dicho municipio, del cual se han beneficiado en su totalidad. Increíble, como estos esposos hace veintisiete años decidieron tomar este producto como la oportunidad de ser independientes, salir adelante y ser dueños de la fábrica de gelatina más reconocida a nivel nacional. ¿Quién pensaría que de un noviazgo naciera una historia tan dulce como esta?
Por: Laura C. Duarte
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