Peculiaridades
- Contenido Línea Prensa - El Ágora
- 30 abr 2020
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Ahora soy parte de los 600.000 pasajeros del MIO, el sistema integrado de transporte masivo (SITM) de Cali, operado por 700 buses articulados que arrancó desde 2009, al que gradualmente le han ido subiendo el precio del pasaje ahora llegando a los $2.100, sin embargo, soy parte de este sistema desde 2015, cuando el pasaje costaba $1.700 y el número de usuarios era menor, lo cual, en la época, era una ventaja en temas de comodidad.
Hoy, como todos los días, salí a la calle a esperar el bus, una P27D, que aún compite con la Ermita 1 y 2 como el reemplazo de la clásica Amarillo y crema, unas de las antiguas rutas con las que contaba Cali, en las cuales se sentía a flor de piel una cultura mucho más popular, sin aires acondicionados, solo ventanas, donde al conductor no le importaba dejar el pasaje por menos desde que tuviera la cuota lista; donde las personas subían el mercado, las mascotas y maletas, pero la accidentalidad era aún mayor, pues los conductores en su afán de completar la cuota crearon lo que hoy conocemos como “La guerra del centavo”, una competencia por recoger pasajeros donde ya no cabían, cosa que con la llegada del MIO y su urbanización quedó atrás. Tal vez este nuevo tipo de transporte representa una gran ventaja, ya que con $2.100 voy desde el Alameda a la vía Jamundí casi todos los días.
Pero como siempre, casi que en forma de rutina, aparecen las peculiaridades de las que parece que solo me doy cuenta yo, o al menos eso creo; estas peculiaridades se hacen cada vez más grandes cuando llego a San Bosco, la estación donde a veces pienso que realmente empieza el recorrido, esta hace parte de la zona centro y es la número 0 del sistema, así que además de tener variedad de personalidades, se nota una mezcla con esa cultura caleña que hoy también se une a la venezolana, pues es inevitable ver a estos extranjeros haciendo tal vez lo que por hoy sería otro tipo de “guerra del centavo”, para ganarse un peso y un puesto en esta sociedad. Se me hace curioso ver cada día nuevas caras, nuevas historias, algunas que la intuición me dicen que son mentira, otras que me parecen un descaro y algunas que son la cruda realidad de este nuevo sancocho.

Uno a uno se suben y se bajan los vendedores, artistas y demás, haciendo del viaje una eternidad inmediata, yo veo números en todas partes y entre los cálculos desocupados de mis trayectos donde no se me da leer, asumo que hay cerca de 400 vendedores ambulantes. Según La Fundación de Comerciantes y Artistas del Transporte Público en Cali, cada uno se gana en un “día malo” $40.000 o en un “día bueno” $120.000, hablando en ganancias brutas, el promedio que podríamos obtener son de unos $80.000 diarios por cada vendedor y/o artista y, teniendo en cuenta que en promedio hay 400 de ellos, se sumaría diario $32.000.000 y mensual $960.000.000.
Otra gran peculiaridad que me fascina son las personas, no tengo idea de porqué, pero es curioso ver la cara de cansancio y felicidad que produce estar cada vez más cerca del lugar de destino, distintas personas a veces actuando tan igual, agotados de la rutina, pero felices.

En mi recorrido me topo con cualquier cantidad de personas, a veces disfruto en ir en la T31, una ruta troncal que atraviesa a Cali desde el Paso del Comercio hasta Universidades, pasando por cada estación, casi que subiendo de estrato en los extremos de la ciudad. Sin embargo, hoy el viaje no llegó al sur, se quedó estancado en lo que en cuanto a rutas y estaciones sería el ombligo de este sistema, en el Suroccidente de Cali, la estación Unidad Deportiva, una de las más transcurridas del sistema, pues es la más cercana a Siloé y en la que muchas de las rutas más importantes entre troncales y expresas llegan.

Esta estación se conecta a su vez con la Terminal Intermedia Cañaveralejo, por un túnel subterráneo; cruzándolo nos encontramos con distintas obras artísticas que resaltan entre el color cemento del lugar, estamos en tal vez la estación más importante del sistema y la que mayor impacto social ha generado, ya que conecta con el MIO Cable, un sistema de transporte teleférico que tiene una longitud de 2.2 km, es un sistema relativamente nuevo pues su inauguración fue en 2015 y es la conexión de las Comunas 9, 10, 17, 18, 19, 20, el sector de Siloé. Aquí nos aventuramos a una experiencia única, pues flotando entre la brisa en canastas que llevan hasta 8 pasajeros, cruzamos por aire un sector que ha sido olvidado por muchos pero sin embargo no pierde su belleza inigualable, pues el resto de Cali es un valle, mientras que aquí, las montañas con sus árboles acarician a las personas, las calles muestran realidades alternas a las que se han contado, pues por medio de grafitis y deporte la comunidad ha tratado de cambiar todo lo dicho.

Una experiencia hermosa es ver como una comunidad que ha sido invisibilizada le da protagonismo a quienes por ignorancia de muchos pasan ausentes; en cada estación de este sistema, empezando por la Terminal Cañaveralejo, Estación Brisas de Mayo, Lleras Camargo, Tierra Blanca existen en sus paredes mensajes en braille, exclusivos para las personas ciegas.
Una gran experiencia es ver el rescate cultural tan profundo que se nota en estas zonas, en donde se trata de exaltar el arte en el mayor de los sentidos, ya que a diferencia de las muchas estaciones del sistema, las estaciones del MIO Cable tienen ese toque especial de historia, sus paredes no cuentan publicidad de la última serie de Netflix o el mejor plan para celular, sus paredes cuentan la historia de un pueblo caleño y musical, que parece extinguirse ante las nuevas anomalías musicales.
Así, yendo y viniendo, encontrando curiosidades entre las paredes y personas, pensando pendejadas, pero viendo realidades, concluye este viaje, regresando por el camino ya trazado, rumbo al centro en medio del caos que representan las horas pico aunque relativamente cerca de casa, ya voy llegando con nuevas experiencias y aún más peculiaridades.

Texto y fotos por: Alejandra Ñañez
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