
Dentro del mundo de la literatura juvenil, conocida también como young adult, es muy probable que el nombre de Sarah J. Maas haya sido mencionado en algún momento. Esta mujer próxima a cumplir años en el mes de marzo es la autora de las sagas bestseller del New York Times, Una Corte de Rosas y Espinas, y Trono de Cristal, además de su más reciente saga, también bestseller, Ciudad Medialuna, que además la han posicionado como una de las autoras de fantasía juvenil más reconocidas. Sin embargo, hay temáticas en sus libros que deberían provocar un análisis más profundo en cuanto a la asertividad con la que esta autora los aborda, pues considero que llegan incluso a ser problemáticos.
El primer libro que leí de Maas fue Una Corte de Rosas y Espinas, quizás su saga más popular. Está compuesta por cinco libros, y un sexto está siendo escrito (o eso se especula). Recuerdo vívidamente aquel primer capítulo del primer libro (del mismo título de la saga), no por su grandeza como experimenté con The Secret History de Donna Tartt (El Secreto, en su edición hispana), o por la riqueza del mundo en el que prometía sumergir al lector, como me sucedió al leer a Rick Riordan, autor de la saga Percy Jackson y los Dioses del Olimpo.
Lo recuerdo por la dificultad que me tomó llegar al segundo capítulo.
Si bien los capítulos con menos acción suelen ser los primeros, puesto que en ellos los autores sientan las bases sobre las que llevarán al lector a lo largo de su recorrido sobre las páginas del mundo que han construido, con mucho esfuerzo, dedicación y lágrimas, este primer capítulo fue, quizás, el más aburrido que he leído en mi trayectoria como lectora.
A pesar de aquel desastroso primer capítulo, me había comprometido a terminar el libro, por lo que continué pasando las páginas y recorriendo sus líneas. No logré conectar con la protagonista, Feyre, pero no significa que no hubiese sido un personaje literario interesante. Tuvo un desarrollo ameno, pero no de la grandeza que podría llegar a pensarse viniendo de una saga literaria tan comentada en las diferentes comunidades y plataformas de discusión lectora que existen actualmente en redes sociales.
De Una Corte de Niebla y Furia, el segundo libro, aprendí a aborrecer las escenas de intimidad, sexo, de habitación, o como el lector se sienta más cómodo llamándolas. No solo porque eran increíblemente eternas, extendiéndose más de lo que personalmente podía tolerar, sino también por la cantidad de detalles y descripciones que hacían que quisiera cerrar el libro y dejar en la ignorancia el final de los personajes. A pesar de que durante este libro se descubren más cosas que enriquecen de alguna manera a la mayoría de los personajes, las escenas de sexo borraron cualquier sentimiento de ternura o empatía que hubiera podido haber tenido en páginas anteriores. En ningún otro libro había tenido esta sensación al leer este tipo de escenas. ‘Porno de hadas’, se le conoce también a la saga, y debo decir que le encaja.
En diferentes plataformas de internet se pueden encontrar críticas más detalladas, con citas directas de los libros, sobre diferentes aspectos conflictivos que lectores alrededor del mundo han puntualizado, pero para no extendernos más, pasaré a hablar sobre la saga de Trono de Cristal.
Compuesta por siete libros y una precuela, Trono de Cristal es la saga debut de Maas. Es, quizás, la única saga de ella que podría recomendar a lectores mayores de trece años sin preocuparme de que se vayan a encontrar con escenas tan descriptivas y eróticas como las que se esconden entre las páginas de Una Corte de Rosas y Espinas. A pesar de que es una saga de varios libros, donde la cantidad de páginas aumenta a medida de que se avanza, considero que es la obra más rescatable de Sarah J. Maas.
Si bien durante el segundo libro tuve dificultades para motivarme a levantar el libro por la lentitud de la trama, el interés y la tensión por saber qué sucedería a continuación estuvo obligándome a pasar cada página. Admiré a Aelin, protagonista de esta saga, y guardé en mi corazón a casi todos los personajes que la estuvieron apoyando a lo largo de su travesía. La historia de Aelin iba más allá de ella, era una historia que involucra a todo el universo que Maas construyó con dedicación a lo largo de los siete libros y la precuela que componen el mundo de Erilea.
Cada personaje de Trono de Cristal terminó siendo muchísimo más de lo que eran cuando fueron introducidos. Dorian y Chaol terminaron siendo mucho más de lo que jamás hubiera esperado de ellos a medida que leía. Lloré con las escenas en los últimos libros que daban cuenta de ello, y debo mencionar que son pocos los libros que me han robado lágrimas. Lysandra, Elain, Yrene, Rowan, Aedion, Fenrys, Gavriel y Lorcan, de alguna u otra manera lograron enternecer mi corazón, provocarme una risa o una sonrisa.
Y, tras la espectacular experiencia que fue leer Trono de Cristal, abrí las páginas de Ciudad Medialuna: Casa de Tierra y Fuego con optimismo, puesto que gran parte de mi feed en Instagram estaba plagado de la portada de este libro junto a reseñas que lo glorificaban (consejo: no confíen plenamente en las recomendaciones de la comunidad lectora).
Vaya decepción de libro.
Ochocientas páginas de fuck, shit, dumbass y dominant male alpha shit (mierda de macho alfa dominante). La cantidad de veces que leí fuck en ese libro me dejó hastiada; era como leer un libro escrito por un niño de doce años que recién descubrió cómo utilizar las groserías.
Más allá del uso desmesurado de las groserías como un rasgo de personalidad de casi todos los personajes de este libro, el ritmo de la historia fue otro punto que repetidas veces estuvo tentándome a abandonar esta lectura. Las primeras cincuenta páginas de este libro, por un lado, estuvieron plagadas de información y explicaciones de este mundo fantástico, que en otros casos resultan útiles si se saben abordar, pero que en Casa de Tierra y Fuego se sintieron como un ladrillazo de descripciones sociopolíticas interminables. De hecho, llegué a comprender este mundo luego de las cuatrocientas páginas, a pesar de que daban explicaciones cada tantas páginas, como si de alguna manera la misma autora hubiera sospechado que ningún lector sería capaz de descifrar el exceso de información contenida en esas primeras cincuenta.
Por supuesto, al ser una historia encasillada dentro del género narrativo de fantasía urbana, era solo coherente que la historia tuviera elementos adicionales a los que se encuentran en la literatura fantástica juvenil, puesto que Casa de Tierra y Fuego está dirigida a un público de lectores entre los dieciocho y treinta años (conocido también como el género New adult en inglés). Sin embargo, no considero que sea razón suficiente para justificar la cantidad de escenas e incluso capítulos que simplemente no aportaron nada a la historia.
Por otra parte, leer a Bryce Quinlan, a Hunt Athalar, y a otros personajes, se sintió como si estuviera leyendo a híbridos de los personajes de las otras sagas de Sarah J. Maas. Hunt Athalar tenía al menos cinco personalidades diferentes, con características fácilmente atribuibles a Rhysand, Cassian y Azriel (de Una Corte de Rosas y Espinas), o a Rowan, Dorian, Chaol y Aedion (de Trono de Cristal).
Esto, debo recalcar, fue algo que no sentí durante mi lectura de las dos primeras sagas mencionadas; cada personaje masculino fue distinto, se sintió real, y de alguna u otra manera tuvieron momentos que los hicieron agradables. Hunt, por su parte, no llegó a despertar nada más allá de desinterés, algo gravísimo teniendo en cuenta que era uno de los personajes principales, además del interés amoroso de esta novela de fantasía y romance.
Al igual que con Una Corte de Rosas y Espinas, existen diversas publicaciones en plataformas digitales de discusión literaria donde otras personas, al igual que hago en este momento, han compartido sus disgustos con fragmentos del libro. Allí se discuten además temáticas dentro del libro y el grado de acertividad con las que fueron abordadas (como el abuso de sustancias psicoativas, la esclavitud, la discriminación racial dentro del mundo fantástico, la toxicidad masculina, entre otros).
El 15 de febrero salió a la venta el segundo libro de la saga Ciudad Medialuna, titulado en inglés House of Sky and Breath, y su versión en español el 3 de marzo titulado Casa de Cielo y Aliento. Esperemos que la historia mejore, porque este primer libro, además de dejarme un sinsabor en la boca, plantó muchísimas dudas acerca de diferentes elementos dentro de la historia y los sistemas que la constituían, además de dejarme ciertas expectativas acerca de los personajes secundarios que lamentablemente no tuvieron mucho tiempo de estrellato, a pesar de que fueron novecientas páginas de narración.
De lo que no estoy segura es si esas expectativas sean lo suficientemente sólidas para impulsarme a leer este segundo libro.
Autora: Ana María Lotero
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