El circo del poder, un discurso jovial
- Valentina Vidal
- 30 abr 2020
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 5 abr 2023

La posesión del nuevo Presidente de la República, supone ser un acto en el que se reproduzcan acciones que representen una reafirmación de la era de poder que inicia, manifestaciones que acojan a todo el pueblo colombiano, expresiones de apoyo hacia el nuevo mandatario y por supuesto, un discurso del mismo que genere, de alguna u otra forma, tranquilidad y respeto ante una figura tan importante como la que Iván Duque ahora representa.
Así de importante es dicha figura que, se esperaría que en un evento de tal magnitud y trascendencia, la atención, los elogios, aplausos y demás distinciones sean dirigidas hacia el mandatario que se encuentra próximo a posesionarse, al fin y al cabo, el acto protocolario es a razón suya. Sin embargo, llama profundamente la atención, escuchar, analizar y tratar de entender el discurso de nada más y nada menos que el presidente del Congreso de la República Ernesto Macías, donde inicia resaltando el “patriotismo y valentía” del Senador Álvaro Uribe, por su trayectoria política, especialmente en su paso por la presidencia de la república.
Dedicar casi dos minutos de su discurso para inflar el pecho del que es quizá, el hombre más poderoso del país sin necesidad alguna, sólo confirma la hipótesis de que el poderío del senador es tan grande que el triunfo político del Presidente Duque se le debe a su “gestión” y llega al punto en que se le debe rendir homenaje y pleitesía ocho años después de terminado su mandato.
Cambiando el foco, la atención se centra ahora en la feroz y fuerte crítica hacia el gobierno saliente que inundaron los aproximados treinta minutos que duró la intervención del Senador Macías. Una ponzoñosa descripción del país que recibe el presidente electo y los retos que supone al mismo, acompañada de cifras y datos sobre índices de violencia, materia económica, entre otros, que sabrá su partido político, de dónde salieron, con el fin de presentar el nuevo gobierno como el salvador y a su líder como el mesías que no emancipa.
El discurso del Senador contrastó significativamente con la premisa del presidente de "no permitir que el odio nos quite la esperanza. No más divisiones". ¿Cree usted que un país con una población acostumbrada a generar críticas, pero no soluciones, respecto a las problemáticas que acarrean al territorio; un pueblo que requiere con urgencia el derecho a una paz consolidada, justa e inclusiva; unos colombianos que no precisan estar cargados del odio que tradicionalmente se ha logrado infundir en nuestros pensamientos y acciones, necesita de políticos que continúen fabricando imaginarios en la industria del odio, que tan buen herramienta ha sido para fragmentar a la Nación?
Pienso que, el hecho de que éste personaje haya dedicado su discurso a rechazar de manera aberrante el gobierno del ex presidente Santos, me hace proyectar a un futuro gobierno que ponga en riesgo la paz que tanto anhelamos.
Vergüenza ajena es el concepto adecuado para definir las palabras del no tan prestigioso senador, que se dirigió a los presentes y a la población general como un simpatizante del Centro Democrático y no como el poseedor de tan importante cargo.
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