El Falso Talento
- Contenido Línea Prensa - El Ágora
- 17 sept 2021
- 4 Min. de lectura

Como dibujante y alguien que pertenece a la comunidad del arte me he dado cuenta de que tenemos algo en común casi todos: Nos molesta que nos digan que somos talentosos. No lo hacen por mal, claro, es un halago, pero entonces ¿por qué? Queremos que nos halaguen por nuestra determinación y práctica para llegar a ese nivel que tenemos, sin embargo, nadie está en la obligación de saber cuál es tu historia y cómo avanzaste hasta tener tu habilidad actual, en realidad a poca gente le interesa quién eres, al final solo importa el presente y no el sufrimiento del pasado.
Quiero hablar un poco desde mi experiencia y contar una historia ya concluida; hace unos 5 años me empecé a interesar por el baloncesto gracias a un amigo, nunca había jugado bien y en las clases de educación física tampoco es que se concentrará mucho en desarrollar esa habilidad, por lo que obviamente era pésimo, ni tirando con mis dos manos el balón tocaba el aro; aún así, quería intentarlo, empecé a entrenar en el equipo de mi colegio y aprender las bases y como siempre cada que empiezas algo desde cero cualquier avance es increíblemente notorio, pero, eso no significa que tengas talento, solo estás aprendiendo lo básico.
Mi amigo practicaba en un equipo por fuera, donde tenía muchos partidos y torneos así que me invito pues le hacía ilusión poder jugar conmigo, el entrenador me invitó a un torneo para jugar en un equipo amigo que necesitaba jugadores, me comentó que el nivel no era muy alto porque la era un torneo para jóvenes iniciando, dependiendo de mi rendimiento se decidiría si entraría o no a su equipo; mi ilusión era muy grande y fantaseaba que con lo que estaba aprendiendo en el colegio podría lucirme y sorprender a todos, algo que probablemente también te haya pasado a ti en cualquier situación de tu vida; el día del torneo tuve un golpe de realidad muy grande, no era nadie, ¿talento? No, no tenía, gente que llevaba jugando solo unos pocos meses haciendo locuras, ¿y yo? En el primer partido: 0 puntos, 0 rebotes, 0 asistencias. Los demás partidos ni siquiera los juegue me quede en el banquillo, decepcione al entrenador y me decepcione a mí mismo pensando que sería especial, obviamente no entre al equipo y solo fui a casa triste.
El primer fracaso, este es clave, todos los tenemos en cualquier campo, ya sea en el deporte o no, y siempre es el que nos pega más duro, aunque no lo creamos, es esencial porque te das cuenta de cuanto tendrás que luchar si de verdad quieres mejorar, se abren dos rutas inmediatamente, ¿me rindo? ¿Continúo? En mi caso continué, entrene mucho más fuerte y el entrenador del equipo de mi amigo me dio otra oportunidad participando en un partido de entrenamiento, mi nivel estaba lejos de los miembros de su equipo, pero me esforcé y finalmente entre.
Ahora me encontraba en un equipo que se tomaba en serio la cosas, torneos casi semanales, entrenar todos los días tres horas, la competitividad era alta y como pasa en estos espacios, sobre todo en el deporte, todos quieren ser el mejor, nadie se quiere quedarse atrás, todos quieren ser titulares, la estrella del equipo. Mi nivel era demasiado bajo comparado con los otros del equipo y a pesar de haber iniciado tarde, casi nadie me apoyo, tuve pocos comentarios de “lo hiciste bien”, “sigue así”, algo que esperas siempre y anhelas cuando inicias en algo; mis compañeros se dedicaron a demostrarme en todo el momento lo malo que era, que no mejoraba y que me quedaría de suplente toda la vida, obviamente esto te termina deprimiendo y se volvieron a abrir esos dos caminos, ¿me rindo? ¿Continúo? Nuevamente escogí la segunda, quería callarles la boca a todos, así que empecé a dar todo de mí en cada entreno y empecé a mejorar cada vez más, y esos comentarios negativos poco a poco se fueron convirtiendo en los halagos a tu esfuerzo que tanto deseas.
A lo largo de los años fui ganándome el respeto no solo de todo mi equipo, sino de todos los demás, pude ser titular en muchos partidos claves; y así es como empezó finalmente a llegar el comentario que tanto nos puede molestar, “tienes mucho talento”, volvemos al principio, esto nos fastidia porque queremos que admiren nuestro trayecto, las incontables veces que nos deprimimos, que nos insultaron antes de ser ese “yo” del presente.
Siempre asociamos que toda persona tiene mucho mejor talento que nosotros, y que desde el primer minuto tenía ese nivel, nos rendimos porque supuestamente “no tenemos talento”, pero, ¿y si ese talento en realidad nunca existiera? Cuando estamos en nuestros años de colegio y empezamos a buscar que estudiar en la universidad, nos suelen decir “busca en lo que seas bueno”, “busca tus talentos” el talento es un arma de doble filo porque lo que quieren decir es que busquemos lo que en realidad amamos y que podamos rendir bien, por eso nos hablan de talento, pero este no nace de repente, se desarrolla con esfuerzo y es algo que no nos enseñan, lo aprendemos haciendo, no sabes que eres bueno en algo hasta que le empiezas a dedicar mucho tiempo, buscamos un falso talento, una disciplina que en el primer intento en la que participemos sorprendamos a todos y lo hagamos como unos maestros, claro, hay gente que tiene más facilidad para algunas cosas, pero no es algo que pase de repente, todo viene con el tiempo, con el pasado, aunque sea inconscientemente; pero puedes estar seguro de que el 95% de los casos les ira fatal en sus primeros meses, ¿el otro 5%? Bueno, la suerte también juega un papel.
Así que con esto dicho me gustaría concluir preguntando, ¿en cuántas cosas nos hemos rendido pensando que no éramos buenos habiendo simplemente iniciado hace poco? Yo tengo muchas, pero cuando aprendes la lección y que, con el tiempo, tal vez menos o más que los demás podrás hacer grandes cosas que nunca te imaginaste, es cuando entiendes que tenerle miedo a fallar es ridículo porque al final terminas aprendiendo más que con una victoria llena de halagos. Deja de pensar en lo que puede pasar y mejor haz que suceda.
“No fabriques fantasías cuando quieres realidades” – Odín Duperyon.
Por: Juan David Montoya
Yorumlar