El reparador de sueños
- Contenido Línea Prensa - El Ágora
- 30 abr 2020
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El sol radiante de verano penetra las ventanas de un local de la calle Alfarería 26. En su interior está él, que con su mente volátil, revolucionaria e inconforme, hace con sus manos el equipo de ensueño. Esas manos ya ásperas que no se lastiman al contacto con el ácido que corroe el metal, en el cual un punzón ha tallado las experiencias que logran transformar, evolucionar y revolucionar las ideologías de una mente inquieta. Dichas manos, que deberían encontrarse aseguradas cual reliquia de gran valor, se proponen girar la manivela que acciona las prensas dispuestas a plasmar en una hoja de fino cartón, años de trabajo y varias horas de insomnio.
Santiago de Compostela, con sus recios y fríos vientos que impedían el fluido andar por la ciudad al soplar con fuerza los pasos de quienes recorrían sus estrechas calles, fue el manto que cobijó las ilusiones y esperanzas de un artista con deseos de triunfo, éxito y paz, junto a su familia conformada por su esposa y sus dos hijos. Un par de años más tarde, una visita a la capital de la comunidad andaluza bastó para sentirse acogidos por esta histórica ciudad y del frío insufrible a los ahora cálidos vientos de Sevilla, parecía ser ese el lugar que acogería su talento y le haría saber a la madre patria -que no es madre, ni es patria- que tenía en sus territorios a Norberto León Ríos, quien sería uno de los mejores grabadores del país.
Tres años le costó a las artes gráficas seducir el proceso de búsqueda de un estilo artístico y una estampa propia de Norler, para quien el talento requiere ser estructurado y transformado, habilidades que con seguridad serán forjadas a través de viajes y experiencias que logren generar reflexión, con la formación de un criterio a partir del acontecer diario y por último, pero de hecho el más importante, permitirse el deleite de colmar y enriquecer su creatividad, presenciando obras gráficas de artistas de todo el mundo.
Dicho interés por empaparse del arte que acontecía en otros países, fue una de las razones por las cuales sentía que su Colombia natal, no era el espacio adecuado para aflorar sus deseos. Entre los costos excesivos de los materiales para llevar a cabo su labor, la limitación de la libertad para experimentar debido a esos mismos onerosos elementos y, sobre todo, la poca voluntad política para promover la formación de consciencia artística.
“Los materiales son costosos porque hay que mandar a traerlos de Europa. Por ejemplo, el papel que se usa para éste proceso es francés. Aquí en España tengo todo a la mano, por lo tanto, no es tan costoso y no existe el miedo a crear cosas nuevas por arruinar el material”. Norberto León.
Me surge la inquietud de ¿cómo es esa falta de voluntad política? A lo que, con su rostro reflejando desilusión responde:
“El arte a los políticos les estorba, es una piedra en el zapato. El arte es crítico, inconforme, expresa identidad y realidad, es algo de lo que no pueden sacar ventaja, por lo tanto, no se apoya”.
Así llegó el 8 de junio del año 98, una atmósfera nostálgica reinaba el hogar del hombre con anhelos de triunfos artísticos. Ana, su esposa, se disponía a ordenar las prendas que acompañarían a su pareja en la travesía de su vida, mientras él se proponía disfrutar las últimas horas que compartiría con sus hijos hasta un próximo reencuentro. El octavo día de aquel mes, surgió un sentimiento híbrido entre la tristeza y la esperanza, que se mantuvo espectador de cómo pasaba los días aquel hombre quien le atribuía el fallo de su carrera artística, en su Colombia, tierra querida, a la expresión fuerte y agresiva de su obra, en la que, mostrando su inquietud por el ser humano y su análisis antropológico, plasmaba cuerpos humanos al desnudo, donde dicha obra logra generar esa misma inquietud que atesta al artista, gestando más preguntas que respuestas.
Así entonces, al otro lado del mundo, en un continente diferente, un país que lo desconocía, acogió dichas obras necias y provocadoras, y las incluyó en el mercado a la disposición de un público dispuesto a brindar apoyo y valor a su trabajo. Y como enuncia el ingenioso Silvio Rodríguez, es allí donde hace su tarea mejor, el reparador de sueños.
Por: Valentina Vidal
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