Gabo, un paso más al Centenario
- Contenido Línea Prensa - El Ágora
- 30 abr 2020
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Gabriel José de la Concordia García Márquez nació el 6 de Marzo de 1927 en Aracataca, departamento del Magdalena, lugar donde transcurrieron sus primeros años de vida, en los que ya comenzaba a mostrar su interés por la ficción y la escritura.

De acuerdo con lo narrado en su libro sobre Gabo, Aída Márquez recuerda con amor su infancia, aquellos tiempos cuando iban a quedarse en la casa de sus abuelos en Aracataca, donde Gabriel pasaba largas horas con el coronel Nicolás Márquez, en especial, durante sus pláticas nocturnas; también, estaba siempre bajo los mimos de su abuela Tranquilina Iguarán, quien le enseñó a creer en las cosas sobrenaturales.
“…recuerda al niño Gabito jugando a ser fotógrafo, pintor de tiras cómicas, actor de teatro, cineasta, cantante, dibujante de letreros comerciales y animador de cabalgatas en su pueblo natal. Una semblanza poco conocida de las facetas artísticas del escritor cuando era niño” (Aída García Márquez).
Algunos años después, en su época adolescente, Gabo ya había finalizado su primera novela: La Hojarasca, inspirada en su pueblo natal. En aquel momento comenzaba a incursionar en sus primeros trabajos como periodista, pasión que mantuvo hasta el último instante de su vida.
Al terminar el bachillerato en Sucre, se fue a Bogotá a estudiar Derecho en la Universidad Nacional, más por sugerencia que por vocación, y fue esa misma razón la que lo llevó a retirarse y viajar a Barranquilla a descubrirse como periodista. Comenzó trabajando en periódicos como El Nacional y el Heraldo, donde se convirtió, a sus veinte años, en un cronista excepcional.
Años después, García Márquez regresó a Bogotá al ser contactado y contratado por El Espectador, ahí no solo se perfeccionó como periodista, sino que también dio sus primeros pasos como novelista; gracias a esto fue enviado a Europa a cubrir un reportaje, mientras que Colombia se enfrenta a la dictadura política de Rojas Pinilla, hecho que provocó el cierre del periódico de los Cano y Gabriel se vio obligado a permanecer en el continente europeo, dedicándose a trabajar en una de sus pasiones secretas: el cine.
Posterior a su regreso a Colombia, Gabo debió enfrentarse a una situación que lo sacó completamente de su zona de confort: el 9 de abril de 1948, después del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, la ciudad entera se salió de control y su lugar de vivienda terminó en llamas, tal y como lo cuenta Dasso Saldívar en su libro:
“Allí fueron pasto de las llamas sus cosas personales los libros que le atizaban la alta fiebre literaria y, lo que le era más querido, los originales de <<El cuento del fauno en el tranvía>>, los tres que había publicado en el Espectador y otros en los cuales estaba trabajando”.
Esta situación se vivió de manera traumática y nostálgica en todo el país, García Márquez no fue la excepción. Lo que él no sabía en ese entonces era que el regreso al Caribe traería consigo muchos recuerdos, y le daría la oportunidad de reencontrarse con aquella parte suya que se encontraba dormida. A pesar de que se había tomado el trabajo de buscar una Universidad en la ciudad de Cartagena para continuar la carrera de Derecho, el verdadero interés de Gabo seguía siendo el periodismo y la escritura.
Debido a esta situación Gabriel conoce a Clemente Manuel Zabala, quien sería su siguiente mentor. Así es como se comienza a construir el éxito de uno de los mejores periodistas de la lengua española, porque aquella era una de las mayores pasiones de Gabo, al igual que el dibujo, el cine y la literatura. Por eso, es entre Cartagena y Barranquilla que él encuentra la llave para integrar literatura con realidad, una habilidad que lo caracterizaba.
Al poco tiempo de estar en El Universal y de establecer esa conexión con su tierra, Gabriel García Márquez comenzó a escribir en tiras de papel periódico lo que sería su primera gran novela. El problema se presentó cuando al pasar de varios años seguía la sensación de que aquel texto le estaba quedando grande, lo que él no sabía era que ya se encontraba escribiendo nada más y nada menos que Cien años de Soledad.
Las personas que lo presenciaron o aquellas que lo oyeron recitar mientras escribía, aseguran que sus fuentes iban desde la casa de sus abuelos y sus abuelos mismos, hasta las diversas leyendas y problemáticas de Aracataca. Definitivamente, como mencionaba Dasso Saldívar, “el problema no era sobre que escribir, sino como hacerlo, y, como el mismo lo reconocería, iba a necesitar quince años para aprenderlo”.

Un jueves 21 de Octubre, el costeño Gabriel García Márquez recibió la llamada de la academia Sueca, la cual le avisó que era el ganador del premio Nobel de literatura de 1982, convirtiéndose así en el cuarto latinoamericano en obtener dicho reconocimiento.
Hasta ese momento, García Márquez se mantuvo en duda, ya que “el jurado se inclinaba a última hora por un escritor desconocido, o prefería seleccionar a un escritor derechista” (Eduardo Carcha). Esto causó un gran revuelo en torno a la premiación y a la emocionada y larga espera del escritor, pero finalmente terminó primando la destacable trayectoria de Gabo, y su envidiable talento para llevar la realidad a lo literario fundiéndolos entre sí.
El caos comenzó en la mañana, cuando lo llamaron para darle la noticia y entonces canales de televisión, radio, periódicos y otros, hacían fila fuera de su casa. Además, la primera llamada que recibió de Colombia fue del presidente Belisario Betancur, el cual no cabía del orgullo y de emoción diciendo que “Gabriel García Márquez siempre le ha dado gloria a Colombia, y lo que es más enaltecedor para nosotros, siempre la ha querido con entrañable amor” (El Espectador).
Esa noche recibiría también, de manos del canciller Rodrigo Lloreda Caicedo, la máxima condecoración mexicana, “El cordón del Águila Azteca”. Además, el presidente de Cuba, Fidel Castro, impuso la orden “Felix Varela” a 12 personalidades, incluyendo a García Márquez. Eso sumaría un total de tres premios en menos de cuarenta y ocho horas para el autor colombiano.
A partir de aquel histórico momento, García Márquez “surgió internacionalmente” debido al premio Nobel, sus libros comenzaron a ser traducidos en diversos idiomas, vendió millones de ellos alrededor del mundo y fue comparado con grandes de la literatura; pero Gabo nunca dejo de ser una persona sencilla, porque él no solo era buen escritor, sino también buen hijo, esposo, hermano, padre y amigo.
Lo que pasó fue que aquel costeño nació con un sueño, como lo decía su hermana Aída, él nació por y para la literatura. Por eso, cuando le preguntaban como hizo para ganarse el premio nobel de literatura él respondía lleno de convicción“Escribiendo. Escribiendo mucho. No hay de otra” (José Luis Díaz).

Por: Valeria Ramirez
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