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La pesadilla que vive la comunidad trans en Colombia

  • Foto del escritor: Contenido Línea Prensa - El Ágora
    Contenido Línea Prensa - El Ágora
  • 8 sept 2021
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 10 sept 2021

Tuve la oportunidad de conocer a Fernando Mosquera Muñoz o mejor llamada María Fernanda Mosquera. Era muy pequeño cuando empezó a darse cuenta de su orientación sexual. “Al principio siempre fui como un hombrecito, pero sentía cosas de niña. La primera señal de mi homosexualidad fue cuando me empezó a gustar un niño, yo tenía como unos nueve años, nos conocimos, nos gustamos y nos tocábamos y ahí me empecé a dar cuenta”.


Ella asegura que toda su vida ha sido así y que su familia siempre lo aceptó. “A los trece años le dije a mi papá que quería ser niña, que quería vestirme como mujer, mi papá -aunque le haya dado muy duro- me dijo que él me iba a seguir queriendo igualmente. Mi mamá siempre me apoyó, también sufría porque en ese tiempo lo juzgaban mucho a uno, y no solo a uno, a toda la familia, en ese tiempo hasta la policía lo perseguía a uno solo por tener esa inclinación”. Aunque María Fernanda no vivió una infancia de muchas experiencias de discriminación, admitió que cuando era niño sufrió de abusos sexuales por parte de sus compañeros de colegio. “Nunca me importaron los comentarios malos, en el colegio casi nunca me decían nada. Pero a veces me cogían y me llevaban a partes de ese colegio y me obligaban a tener relaciones sexuales con otro niño que yo no quería”.


María Fernanda confiesa que se ha prostituido y dice que siempre le hacen este tipo de preguntas. “La prostitución siempre existe en los homosexuales, y más en los hombres que nos convertimos en mujer, porque no nos dan trabajo en una empresa ni en una fábrica, entonces o somos peluqueras o somos prostitutas. Me prostituí unas cuantas veces, pero no, no fue de mi gusto. Yo tenía amigos que me decían: Camine que allá hay unos hombres que le pagan bien y pues muchas veces yo estaba necesitada de plata”. A las personas de la comunidad trans se les presentan muchas barreras a la hora de conseguir empleo, constantemente enfrentan limitaciones para desarrollarse profesionalmente debido a los prejuicios existentes en Colombia. Como dice María Fernanda el trabajo sexual y la peluquería se convierten en las únicas opciones para ellas.

María Fernanda es peluquera, y es suertuda porque es algo que desde mucho antes le apasionaba, pero esto mismo no sucede con una gran parte de la comunidad trans, muchas veces ellas quieren ser profesoras, administradoras, comunicadoras, etc. Sin embargo les toca conformarse con un trabajo que muchas veces no les gusta y que tampoco proporcionan beneficios, ya que estos no otorgan ningún tipo de prestaciones o seguridad social y la remuneración es baja. Según un estudio realizado por “Línea Base PPLGTB” el 57,2 por ciento de las mujeres trans pertenecen a los estratos socioeconómicos más bajos. De hecho, 5 de cada 10 personas trans en la capital de Colombia viven en contextos de pobreza. Las estadísticas reflejan las problemáticas que vive esta población vulnerada, la tasa de homicidio es muy preocupante, el año pasado 32 personas trans fueron asesinadas, mientras que en lo que va del presente año, según cifras reunidas de @redcomunitariat, ya han asesinado a 27 personas trans.


A pesar de que ya estemos en pleno siglo 21 gran parte de la sociedad colombiana sigue tratando a las personas trans como un chiste, de forma denigrante, misógina y se les ve hasta con morbo. Nuestro país se muestra muy inclusivo con las leyes de antidiscriminación y reconocimiento de identidad de género, pero personas a las que se le entorpece el derecho a la educación superior, a un trabajo digno, y se le quebranta el derecho a la vida misma ¿Realmente los están incluyendo en la sociedad?


Por Ana Ossa

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