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NERUDA más allá de la pluma

  • Foto del escritor: Contenido Línea Prensa - El Ágora
    Contenido Línea Prensa - El Ágora
  • 30 abr 2020
  • 5 Min. de lectura

Tomada de: Fundación Pablo Neruda

Después de que, a finales del año 2018, la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados de Chile trajera nuevamente a la mesa parlamentaria la idea de rebautizar el aeropuerto internacional con el nombre de Pablo Neruda, resurgió a su vez el dilema sobre el polémico pasado del escritor, poniendo en cuestión la importancia de tener como referente también las sombras de su vida, en lugar de enaltecer solamente sus luces.


Sobre el primer acontecimiento de la vida del poeta chileno al que se ha remontado el movimiento feminista, no existen más pruebas que lo relatado por Neruda en una de sus grandes obras, “Confieso que he vivido”, el libro que recoge las memorias de la vida del poeta casi hasta la época de su muerte. Aunque nadie se explica por qué se decidió a contarlo allí, Neruda narra un suceso que ha sido catalogado por muchos como “violación” dándole al tercer nobel de literatura latinoamericano el título de “violador confeso”.


"Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama. (...) El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme. No se repitió la experiencia”.


En estos párrafos, el autor relata un “recuerdo” de lo que fue su vida como cónsul durante 1929 en Ceilán (Sri Lanka), cuando le nació una gran intriga al descubrir que el lugar en donde depositaba sus heces amanecía siempre impecable. Es ahí cuando, decidido a resolver el misterio, identifica a una mujer pobre que trabajaba haciendo la limpieza. El escritor cuenta sus diversos intentos por establecer contacto con ella, pero esta le es claramente indiferente, llevando al chileno, de acuerdo con su narración, a tomar la decisión de llevar a cabo el acercamiento de una manera que se logra evidenciar como “no consensuada”.


El sobrino del escritor, Rodolfo Reyes, dijo a BBC Mundo que “Neruda era un joven de 24 años en ese entonces, estaba solo en Asia, no se le puede criticar su vida en ese sentido. Y lo que relata hay que verlo en el contexto mismo. Y, si ocurrió, fue en su juventud, con una falta de experiencia total".


Por otro lado, Mark Eisner, autor de la biografía ‘Neruda: el llamado del poeta’, señala que "una violación es una violación no importa en qué siglo ni en qué contexto cultural, político o legal. (…) Y el hecho de que se arrepienta o no, no hace la acción menos cuestionable. Yo puedo decir que maté o violé a alguien y después decir que lo siento, pero eso no quita mi culpa y mi responsabilidad". Además, aseguró también a BBC Mundo que, aunque el relato estuvo ahí desde 1974, resulta llamativo considerar que solo hasta hace unos años las personas comenzaron a cuestionárselo.


Este debate no se ha extendido mucho más allá de las fronteras chilenas. El problema, según muchos, es que la sociedad se esmera por mantener la imagen del Nobel intacta, como si su talento estuviera por encima de cualquier juicio moral. Sobre esto, Claudia Apablaza, editora de Los Libros de La Mujer Rota, le dijo a PlayGround que lamenta de sobremanera la tendencia social de creer que lo más importante de un autor es su escritura, dejando el resto de su persona en segundo plano.


El periodista Alejandro Jofré, opinó al respecto que “Las personas pasan, la obra es lo ineludible, lo que sobrevive”. Así mismo, explica que su intención no es caer en omisión, asegurando que nadie puede defender o excusar una violación, pero también resulta “medio ridículo” establecer un juicio sobre esta confesión subjetiva, así como tampoco se puede creer que Neruda fue un “santón”.


La balanza se inclina de un lado al otro mientras cada vez más personas intervienen en defensa de Neruda o en detrimento de su alta imagen. Sin embargo, existe un punto medio que llama a la reflexión y propone observar la situación desde una perspectiva que no juzgue al autor, sino que analice su narración, que no es, en todo caso, un hecho probado, y lo aplique a la actualidad.


El segundo suceso que ha vuelto a renacer de la vida de Pablo Neruda, es la historia de su única hija, Malva Marina. Nacida el 18 de agosto de 1934 en Madrid, España, fue fruto del matrimonio entre el poeta y la holandesa María Hagenaar Vogelzang, más conocida como ‘Maruca’. La pequeña nació con un tamaño completamente desproporcionado de su cabeza, esto a causa de una enfermedad llamada hidrocefalia.


Aunque Neruda no era consciente de la gravedad de este padecimiento, el tiempo se encargó de que lo comprendiera y alimentó a su vez una desilusión que lo llevó a rechazar a Malva y, finalmente, a abandonarla en el año de 1936. El poeta chileno nunca soportó el hecho de tener una hija enferma, y eso lo empujo a tomar distancia dejando en evidencia lo que Malcolm Oteo y Santi Giménez, en el libro “El club de los execrables”, llamarían décadas después como el acto de “un padre monstruoso”.


¿Qué pasó después? Malva Marina falleció en 1943, después de migrar con su madre a Gouda, Holanda, en medio de las necesidades y su falta de dinero. Este hecho no está registrado en el libro del autor, pues la única vez que Neruda mencionó a su hija fue en la carta escrita a su amiga Sara Tornú, donde le dice "Mi hija, o lo que yo denomino así, es un ser perfectamente ridículo, una especie de punto y coma, una vampiresa de tres kilos".


Frente a esto, Eisner asegura que existen cartas de Maruca pidiéndole ayuda y dinero con desesperación a su esposo, mientras que Mario Amorós, otro biógrafo del escritor, opina que la interpretación se sale de contexto, pues el accionar de Neruda no se puede asumir como abandono, sino como un suceso natural basándonos en el “mundo de aquella época”.


¿Es comprensible entonces que para los chilenos sea esta realidad un golpe que atenta contra su imagen adosada de Neruda? El autor narra pues de manera tan sutil, directa y seca la “violación”, y obvia de manera tan natural lo sucedido con su hija, que un lector o conocedor despistado puede dejar pasar fácilmente estos detalles de la vida del poeta. Pero se debe recordar que fue él mismo quien decidió registrar ambos sucesos en medio de sus letras, en especial el más controversial de ellos.


Así se haga un esfuerzo por separar vida y obra, estas son realidades que se suman a la desigualdad, el machismo y el abuso que tiñen continuamente los ámbitos artísticos y a la sociedad en general. Para algunos congresistas y escritores jóvenes, todo se trata de poner la historia en perspectiva y asimilar los contrastes que puede presentar una figura que ha sido admirada por muchos, pero cuyo pasado no es testimonio de lo que defendió y presentó a través de sus admirados versos.



Por: Valeria Ramirez

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