Para reconstruirme
- Contenido Línea Prensa - El Ágora
- 30 abr 2020
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Para aquellos días nostálgicos, esos que están llenos de memoria, para aquellas noches frías donde el viento penetra en las fibras, para esas mareas que suben y bajan, o para esos huracanes que dejan caos, como necesidad humana, como refugio o escape, existió la idea del arte. Desde el origen de los abismos, de montañas empinadas, los precipicios existenciales, los desvíos inesperados, dolorosos, para esas ganas de destruir la totalidad de aquello que no comprendes, las dudas, las desilusiones o las amarguras, se ingenió emparejar al lápiz y papel, las distintas producciones de color, las palabras hechas poesía, a los relatos; a las vivencias se les permitió materializarse, como a los paisajes utópicos, a las realidades, a lo abstracto, o a lo que parecía indescriptible. Desde el comienzo, ahí, cuando nacieron los sentimientos, las emociones, los misterios, las enseñanzas; por medio del expresar, el hombre pudo ser libre del yugo que lo comprimía absolutamente todo dentro de sí mismo, entonces, a través de esos impulsos puntuales e impuntuales trató de explicar, de hacer visible, comprensible ante el mundo, una única verdad, una semejanza, de aquello que nos compone, y es que buscaremos, después de caer, después de vivir, en las distintas maravillas de la creación, incluyendo al ser humano, mil y una maneras para reconstruirnos.
Por: Ciel / Ma. Alejandra Padilla
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