Quiero ser mujer
- Contenido Línea Prensa - El Ágora
- 30 abr 2020
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Sin duda alguna, uno de los hechos que ha estremecido en los últimos días al país, es el acoso sexual que sufrieron las integrantes de la selección colombiana de fútbol sub-17 por parte de algunas personas que conformaban el cuerpo técnico. Es indignante como hay personas con una mentalidad tan perversa para aprovecharse de las ganas que tiene un grupo de jóvenes en salir adelante por medio del amor al deporte que profesan. ¿Cómo es posible que a pesar de las denuncias interpuestas por las deportistas, la federación no tomara cartas en el asunto para defender un valor tan importante en una institución y en la vida como es el respeto? Esto resulta ser un descaro, porque es más importante el nombre o la imagen que pueda tener ante el país esta federación, que la decencia y el derecho de estas jóvenes a ser respetadas y ejercer su profesión de manera digna.
Pero seamos sinceros, vivimos en Colombia, un país en donde es completamente ‘’normal’’ y ‘’cotidiano’’ que una mujer salga a la calle y reciba una serie de piropos ofensivos y que denigran a la mujer al papel sexual, ¿LO PEOR?, se excusan en argumentos como que en realidad solo están resaltando la belleza femenina, en que las mujeres se visten sexy para que ellos las ‘’halaguen’’; que a nosotras nos gustan que nos digan lo que nos dicen o que ellos solo expresan lo que piensan cuando ven pasar a una chica bonita y, lo más irónico, es que en nuestra ‘’hermosa’’ sociedad colombiana que se caracteriza a nivel mundial por ser unos de los países con mayor inclusión al género femenino, también suceda que la mayoría de las personas opinen que es algo banal e insignificante que una mujer se sienta violentada por esas ofensas disfrazadas de halagos que suelen tirar algunos hombres sin escrúpulos solo por caminar por las calles. No soy feminista ni mucho menos, solo quiero creer en la igualdad, porque si una mujer lanza piropos de la misma índole que lanzan los hombres es caracterizada como una ‘’lanzada’’ por decir lo menos que se puede escuchar vulgarmente en las calles de este país, pero vaya y un hombre lo haga, es normal, cotidiano, común y corriente.
Que hipócrita podemos llegar a ser como país, luciéndonos a nivel internacional como un estado igualitario, cuando estas mismas deportistas que sufrieron de acoso y otras que pertenecen al gremio, no reciben la misma contribución económica que reciben los hombres al hacer lo mismo que estos. Parece ser, que los diccionarios colombianos definieron de la siguiente forma a la palabra MUJER: Persona del sexo femenino que recibe menos recompensa económica que un hombre y que está limitada al papel de madre, esposa y objeto sexual. O, sino que lo diga Google….

Al ver esta definición me embargué de frustración, aunque quería que las cosas fueran diferentes en otros lugares, me di cuenta que a nivel internacional el ser mujer es sinónimo de esposa. Ya veo a muchos diciendo que en cierto contexto se presenta a LA MUJER en vez decir a LA ESPOSA, pero, ¿Es que una mujer deja de serlo por no ser esposa o madre? En fin, el mundo está lleno de casos en donde parece que los derechos de la mujer sí apenas han permeado a las personas, instituciones y autoridades. También es cierto que hemos avanzado, pero esta lucha no acaba, quiero ser mujer sin ser esposa, quiero ser mujer sin ser madre, quiero ser mujer sin ser ofendida en las calles, quiero ser mujer sin ser discriminada y quiero ser mujer siendo respetada.
Por: Nathalia Ruiz
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