Riqui Puig, un cabezota con mucha fe
- Contenido Línea Prensa - El Ágora
- 21 ene 2021
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En Can Barca, entidad reconocida como la meca del fútbol puro y total, y, poseer en sus filas a uno de los mejores jugadores del mundo; ha sido también, durante retirados años la fábrica más próspera a la hora de impulsar como un cohete, la carrera de diversos jugadores. Entre ellos, Puyol, Xavi, Iniesta, Messi, etc...”La Masía”, consagrada como una academia imprescindible para apostar desde muy joven por una carrera soñada en el mundo del fútbol, donde las estrellas se cuentan por millones y, los adeptos y reverencias son desmesurados cuando se alcanza la gloria, pero en días de zozobra y error esa devoción y respeto se transgrede convirtiéndose en un varapalo que golpea con desprecio a aquello que aseveró no abandonar. En esa misma tónica, La Masía ha ganado a criterio de muchos, la insignia de la mejor cantera del fútbol.
Sin embargo, desde la salida de Joan Laporta, la filosofía del club ha sufrido un tremendo desbarajuste, y aparentemente esa cantera, de la que tantos directivos azulgranas han fardado, hoy se halla en una crisis, cuyo traspié no refiere a lo económico -un poco sí...-; sino más bien a causa de dejar escapar a aquellos jugadores que, hoy brillan con luces y centellas en otros clubes europeos. Así, Riqui Puig, fruto de esta laureada escuela, podría, culpa del ostracismo al cual Koeman lo tiene penando, y el olvido de una directiva dispuesta a cederlo, a ocupar una nueva postal en la historia de promesas perdidas en Can Barca.
Pese a esa posibilidad, aquí, en realidad nos compete otro asunto con este jugador, cuyo nombre debería ser escrito con “D” Determinación -no, de dedo y “G” de Gallardía. Palabras intrínsecas en la personalidad de Riqui, oriundo de Matadepera, municipio, ubicado en la región de Cataluña, a 499 km de Madrid y con una cifra de 9 326 Habitantes. Desde ahí, ha forjado su camino hasta llegar al primer equipo, donde para su entrenador no es bienvenido, pero en su ánima, pese a solo haber disputado tres partidos esta mitad de temporada, cree que algún día lo será. Pues, siente que su corazón corresponde a ese lugar y no otro.
En sus entrevistas ha manifestado ese orgullo azulgrana, alegando que sus características son propias de ese club. Y, quizás, sus palabras tiene un tinte de arrogancia, pero de las certezas vive el bobo. Más allá de las suposiciones de algunos, lo que se vislumbra en Riqui es carácter y vehemencia. De ahí que, la semifinal contra la Real Sociedad, sin ser el favorito o un veterano bien posicionado, haya pedido con tal ímpetu, tirar el quinto penal y a su vez convertirlo en el gol definitivo que clasificó al Barcelona hacia la gran final de la Supercopa de España. Al finalizar, no hubo abrazos triunfantes para Riqui Puig, quien pese a su audaz actuación fue opacado por las impecables atajadas de Ter Stegen.

Sin embargo, ese olvido no menguó su ánimo, sino más bien rectificó su intención ferviente de no tirar la toalla. La decisión de Koeman, y los insistentes pedidos de la directiva sobre su cesión, aún son golpes ineficientes para derribar la esperanza de un Riqui Puig quien, pese a sus 21 años y en una situación convulsa en arcas azulgranas, sigue teniendo una confianza infranqueable.
En dos meses serán las elecciones a la presidencia del Barcelona, seguramente el de Matadepera, fiel a la esperanza y muy confiado como es habitual, espere en un plan más que estratégico, el regreso de Joan Laporta, cuya gestión no solo cosechó buenos frutos en pasadas temporadas, sino también es la clave para hallar el lugar que merece en esta entidad.
Por: Carlos Pineda
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